martes, 17 de abril de 2012

Más información sobre la Torre Confinanzas en las fronteras de San Bernardino

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Invasiones: El tercer rascacielo más grande del país tiene 2.500 ocupantes


Una comunidad crece al borde del vacío

 

Un decálogo para convivir con el vacío. La Torre Confinanzas dejó atrás el pasado en el que aspiraba ser ícono del mundo financiero. Los invasores del edificio, abandonado durante décadas, acordaron sus propias normas de convivencia y construyen sus “viviendas” de manera informal. Aunque se roban la electricidad y no tienen agua, en el interior funcionan un ciber café, una peluquería, un templo evangélico, un estacionamiento y una fábrica de bloques. Los niños vuelan cometas en terrazas sin barandas.
Los vecinos de Candelaria responsabilizan a los ocupantes ilegales de la inseguridad de la zona y se lamentan por las precarias condiciones en las que viven en el inmueble.
La torre iba a ser el rascacielos mas alto del país y el octavo de América Latina.
El paisaje es privilegiado:
En el piso 29 de la Torre Confinanzas, en la avenida Andrés Bello, se tiene la sensación de que la ciudad puede ser tomada con las manos.
Yemy De Pablos pudiera dar fe de ello. Si no hubiera construido su casa en el edificio invadido, la mujer -oriunda de Trujillo- no hubiese conocido el imponente Ávila. “Al ver el cerro y los demás edificios, que se notan chiquititos, me impactó. Es una de las cosas más lindas de mi nueva vivienda”, afirma.
En la inconclusa Torre Confinanzas, que iba a ser el tercer rascacielos más grande del país y el octavo de América Latina, la situación cambió. Allí se erigieron en casi cuatro años de invasión salones de belleza, abastos, ciber cafés, un templo evangélico, una fábrica de bloques, canchas de fútbol y baloncesto y más de 800 casas. Todo fue concebido por las 2.500 personas que hoy residen en la edificación.
En la Torre Confinanzas se levantaron en casi cuatro años de invasión centenares de casas, un templo evangélico y una fábrica de bloques.
Sobre el atrio se levantó el templo evangélico que ­según ocupantes del rascacielos­ era necesario para apaciguar a los violentos. “Al principio debimos aliarnos con personas rudas para tomar el edificio. Eran necesarios si queríamos permanecer acá, pero ellos comenzaron a sobrepasarse con los vecinos.
Tuvimos que sacar a una gran cantidad. Aunque quedaron los menos agresivos, llegaron a amansarse debido a la religión”, aseveran tomistas.
Las plegarias no son suficientes para el sostén de la torre. En la entrada del rascacielos se instaló la cooperativa Caciques de Venezuela, que recibe subsidios de organismos públicos y que está destinada a solucionar el déficit de viviendas, aseguran.
En la torre funciona un abasto para los actuales residentes.
Fundada por los jefes de la invasión, esta sería la mayor fuente de ingresos para el mantenimiento de Confinanzas. Siguen el cobro del condominio ­150 bolívares al mes­ y del estacionamiento de vehículos.
En el garaje se mezclan vehículos lujosos y modestos, motocicletas y colectivos. “Esos tres de allá son de la línea de Chacao. Prefieren dejarlos acá porque cobramos barato”. El pago es de un bolívar por hora.
El estacionamiento de 12 pisos es ocupado hasta el nivel 10, donde solamente pueden aparcar motocicletas. Los puestos allí son delimitados por la imaginación.
Pese a las recaudaciones, en Confinanzas el dinero no alcanza. “Hace ocho meses nos pusimos al día con La Electricidad de Caracas. Estamos pagando una deuda de 72 millones de bolívares”, indica Olivares.
Lo que le falta a la torre son ascensores, rejas en las escaleras y en los pisos elevados, instalar baños en el piso 18, suministro diario de agua potable y estabilidad en el servicio de la luz eléctrica en todo el edificio.
Un ciber café Internet distrae a los niños que habitan el edificio.
Metidos en cintura:
En la torre invadida las faltas se clasifican en graves, regulares y leves. “Aquí todos debemos acoplarnos a las reglas escritas, las cuales son entregadas al momento de ingresar al edificio”, afirma Giannina Tadino, ocupante del piso 4.
Son faltas graves las peleas entre vecinos, la pernocta de niños en escaleras o pasillos, agresiones físicas y consumo de drogas, entre otras. La sanción es desalojarlos de la edificación o amonestarlos con prolongadas horas de trabajo comunitario.
Como regulares son consideradas, por ejemplo, las celebraciones de fiestas sin permiso. Y las leves son subir a pisos prohibidos y pasear semidesnudos por el edificio.
La imagen de la torre también es supervisada. Los tendederos aéreos, balcones mal ubicados, fachadas sin frisar y pintar tampoco están permitidos en Confinanzas. “Eso es algo que intentamos combatir.
En este caso no se sanciona, pues algunas familias no tienen cómo pagarlo. Sin embargo, luchamos por vernos mejor afuera”, dice Pedro Olivares, miembro de la cooperativa.
En el lugar construyeron canchas de fútbol y baloncesto.
En cada piso tienen delegados encargados de hacer cumplir las normativas. Son tesoreros y administran las labores de limpieza, entre otras labores.
“Somos gente decente”. El contacto de Mabel Valdez fue un sargento de la Guardia Nacional que habita en la torre A. “Cuando le conté mi caso, me explicó cómo consiguió su casa en Confinanzas. Enseguida me puso hablar con Ronin Ramos (regente de la torre).
No pagamos un solo céntimo por el espacio, aunque me pidieron papeles de respaldo de mi condición”, explica.
Valdez, ocupante del piso 18, tiene 30 años de edad, dos hijos y estudia Derecho. Su perfil, asegura, la hizo merecer el cupo de vivienda. “Somos gente decente. Aquí viven muchos profesionales: abogados, bomberos, policías, maestros. Sólo que la necesidad de viviendas nos toca a todos”, concluye.
“El edificio David se convirtió en una alcabala”
Desde afuera, la Torre Confinanzas resulta perturbadora.
Carlos Julio Rojas, vocero de la Asociación de Vecinos de Candelaria, culpa a los invasores del edificio por las desmejoras en la calidad de vida que afrontan los habitantes de la parroquia. “Tenemos información sobre 15 asaltos este año en esa torre, entre otros delitos. Muchos habitantes nos han manifestado que el edificio David (Confinanzas) se convirtió en una alcabala para ellos”, dijo.

Son 24 edificaciones que permanecen tomadas en Candelaria. Aunque sólo representan 2,5% de la totalidad de inmuebles invadidos en Caracas, los vecinos aseguran que sufren una suerte de olvido de parte de las autoridades. “Ellos suelen robarnos la luz de la avenida. Eso hace que las calles queden a oscuras en las noches”, dijo Roxy Cruz.
El Frente Único contra Invasiones que se configura en Candelaria respalda alternativas habitacionales.
“El detonante para que nos uniéramos fue el intento de ocupación del edificio Universitario el pasado 7 de febrero­. Yo creo que más que criticar, debemos aportar salidas pacíficas entre los vecinos”, afirmó Rojas, que apoya la iniciativa.
El dirigente comunitario considera que el déficit de viviendas origina oleadas de invasiones. Aclara que la intención de los vecinos no está orientada a ignorar esa realidad: “Nos preocupa esa gente, pero viven de forma ilegal”.
Benedicto Vera, miembro de la Asociación de Vecinos de Candelaria, tampoco respalda las invasiones, pero opina que el Estado debe ayudar a los ocupantes ilegales proporcionándoles mejor calidad de vida. “En ese rascacielos se vive en condiciones precarias.
Si no van a reubicarlos, por lo menos pedimos al Gobierno que evite discriminaciones y los ponga a vivir como gente”, dijo.
Dos sótanos de la Torre Confinanzas almacenan aguas servidas. Los ocupantes ilegales expresaron que desean ser reconocidos por el Estado.
E. R., organizador de la invasión, explicó que en distintas oportunidades han estado dispuestos a crear un consejo comunal: “Nos lo niegan por estar al margen de la ley.
Argumentan que no tenemos jurisdicción fijada. Quisiéramos que el Presidente ­a quien tanto apoyamos­ a veces nos mirara”.
Personaje controversial.
Alexander Daza, llamado “el Niño”, dirige la Torre Confinanzas. Excepcionalmente, algo ocurre sin su autorización en la edificación. “Él es muy ocupado. Aunque no pare acá, tenemos que consultarle antes de hacer algo importante”, dicen algunos habitantes.
Él y otros 33 hombres, varios de ellos ex reclusos, organizaron la ocupación del rascacielos. Hoy, solamente quedan 16 de ese grupo. Pedro Oliveros, uno de ellos, rechaza las acusaciones de los vecinos de Candelaria contra Daza. “No tenemos nada que ocultar. Si los cuerpos policiales quieren hacer allanamientos, serán bienvenidos. Estoy seguro que no hallarán armas de fuego ilegales”, indica.
Daza, de 33 años de edad, funge como pastor en el templo evangélico de Confinanzas, director de la cooperativa Caciques de Venezuela y administrador de la edificación.
Su figura despierta repudio o admiración en la comunidad.
“Se está lucrando. Tiene un monopolio”, dicen vecinos, que prefieren no identificarse por miedo a represalias.
Los seguidores de Daza desmienten la denuncia. “A la gente que desee irse de la torre se le devuelve su inversión.
Ellos guardan las facturitas de compras de bloques, cabillas, entre otros materiales, y se les reembolsa”, explica Oliveros.
La entrega de un comerciante de discos ilegales a las autoridades es su mejor carta de exposición. “Nosotros somos tan transparentes que entregamos a la Guardia Nacional a un señor que fabricaba y vendía CD piratas. No estamos de acuerdo con eso. Esto no sería posible con malos líderes”, acota.
En la Torre Confinanzas nadie se atreve a insultar a Daza.
“Si no fuera por `el Niño’ no estuviésemos acá. Antes, lloraba casi todos los días en mi rancho por no tener vivienda digna; ahora siento alivio”, apuntó Zaida Gómez, ocupante del edificio. 

Por: MAOLIS CASTRO
macastro@el-nacional.com
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